viernes, 3 de abril de 2009

Frases célebres sobre el suicidio


Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado.
Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés.

El suicidio sólo debe mirarse como una debilidad del hombre, porque indudablemente es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras.
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

Los que matan a una mujer y después se suicidan debían variar el sistema: suicidarse antes y matarla después.
Ramón Gómez de la Serna (1891-1963) Escritor español. Autor de Greguerías.

Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo.
Mario Benedetti (1920) Escritor y poeta uruguayo.

Suicidarse es subirse en marcha a un coche fúnebre.
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.

El suicidio es una bancarrota fraudulenta.
Pierre Joseph Proudhon (1809-1865) Filósofo francés.

Matarse por no morir es ser igualmente necio y cobarde.
Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) Escritor español.

El suicida es el antípoda del mártir. El mártir es un hombre que se preocupa a tal punto por lo ajeno, que olvida su propia existencia. El suicida se preocupa tan poco de todo lo que no sea él mismo, que desea el aniquilamiento general.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.


Fuente | Proverbia.net

sábado, 14 de marzo de 2009

Los mitos sobre el suicidio I

Los mitos sobre el suicidio son criterios equivocados que entorpecen la prevención de dicha conducta por lo que se hace necesario difundirlos por los medios para que sean erradicados y se faciliten las acciones preventivas.

Palabras claves: mitos, suicidio, prevención.


1.-Mito: El que se quiere matar no lo dice.

Criterio equivocado pues conduce a no prestar atención a las personas que manifiestan sus ideas suicidas o amenazan con suicidarse.

Criterio científico: De cada diez personas que se suicidan, nueve de ellas dijeron claramente sus propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida.


2.-Mito: El que lo dice no lo hace.

Criterio equivocado ya que conduce a minimizar las amenazas suicidas las que pueden ser consideradas erróneamente como chantajes, manipulaciones, alardes, etc.

Criterio científico: Todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurriría.


3.-Mito: Los que intentan el suicidio no desean morir, sólo hacen el alarde.

Criterio equivocado porque condiciona una actitud de rechazo a quienes intentan contra su vida, lo que entorpece la ayuda que estos individuos necesitan.

Criterio científico: Aunque no todos los que intentan el suicidio desean morir, es un error tildarlos de alardosos, pues son personas a las cuales les han fracasado sus mecanismos útiles de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el intentar contra su vida.


4.-Mito: Si de verdad se hubiera querido matar, se hubiera tirado delante de un tren.

Criterio equivocado que refleja la agresividad que generan estos individuos en quienes no están capacitados para abordarlos.

Criterio científico: Todo suicida se encuentra en una situación ambivalente, es decir, con deseos de morir y de vivir. El método elegido para el suicidio no refleja los deseos de morir de quien lo utiliza, y proporcionarle otro de mayor letalidad es calificado como un delito de auxilio al suicida (ayudarlo a que lo cometa), penalizado en el Código Penal vigente.


5.- Mito: El sujeto que se repone de una crisis suicida no corre peligro alguno de recaer.

Criterio equivocado que conduce a disminuir las medidas de observación estricta del sujeto y la evolución sistematizada del riesgo de suicidio.

Criterio científico: Casi la mitad de los que atravesaron por una crisis suicida y consumaron el suicidio, lo llevaron a cabo durante los tres primeros meses tras la crisis emocional, cuando todos creían que el peligro había pasado. Ocurre que cuando la persona mejora, sus movimientos se hacen más ágiles, está en condiciones de llevar a vías de hecho las ideas suicidas que aún persisten, y antes, debido a la inactividad e incapacidad de movimientos ágiles, no podía hacerlo.

viernes, 13 de marzo de 2009

Como suicidarse y no morir en el intento

Después de hacerme inmensamente rico con eso de los candados imaginarios y de ir detrás de los vampiros y acabando con ellos con polvorones de canela, llegó el momento de cambiar radicalmente de profesión, y me hice suicida, pero no un suicida cualquiera, de esos que lo intentan una vez y ya está y la han palmado, no porque como en todo, para el suicidio hay que tener arte, y yo lo tengo.

La primera vez que lo intenté quería hacerlo de forma sencilla, al viejo estilo, pero la falta de experiencia me hace ser un poco torpe, así que busqué a gente que se hubiese suicidado con éxito, pero inexplicablemente no encontré a nadie, y tuve que hacerme como suicida a mí mismo.

¡Ya está!, pensé para la primera vez cortarme las venas, y fui a una ferretería y entré a preguntar:

yo -Muy buenos días tenga usted y su tienda, querido señor dependiente (yo que soy muy amable con las personas que me suministran el arma del delito)

él -Buenos días señor, ¿que desea?- preguntó él.

y -Quería un cortavenas bien grande- le dije con aire decidido.

e -Un corta qué?, ah claro, un corta pizzas me ha dicho.

y -Cortavenas, cortapizzas, bueno, lo mismo daría si al final funcionase.

e -¿Se lo envuelvo?- me preguntó.

y -No gracias, me lo llevo puesto.

Y sin mas me lo apreté contra el brazo, se me hincó en el brazo y me fui sonriendo.

Al salir escuché un golpe en la tienda, y ví al hombre tirado en el suelo. Creo que eso le impresionó.

Llegué a mi casa, y ya estaba impaciente por el resultado. Yo esperaba que brotara la sangre a chorros, que me mareara, que viera bichos por las paredes, que me hicieran un peazo de juicio en el infierno, pero nada, del corte sólo salía queso parmesano, lo cual no sería malo si lo que quisiera hacer fuera una pizza, pero como mi intención era simplemente de suicidarme, pues resulta que en lugar de desangrarme me estaba desparmesanando, y tuve que dar por nulo mi primer intento.

En la segunda cuidé mas el detalle para que no hubiera mas problemas ni sorpresas de última hora.

La forma elegida era ahogarme en la bañera. Lo preparé todo, agua caliente, sales minerales para difuntos, una manopla, y una nota explicativa a mi patito de goma donde le comentaba por qué no se podía bañar ese día conmigo. Entré en el cuarto de baño, metí un pié y descubrí que el agua estaba muy caliente, así que decidí esperar un poco, porque el calor me pone la piel áspera y me da un montón de coraje. Cuando se hubo enfriado, me metí entero y me sumergí. Cuando el agua me hubo tapado la cabeza , esperé....volví a esperar....¡Que jartón de esperar!...Zzzzzzzzzzzzz(dormido)...Uaaaaaaahhhhhh (bostezando)...me desperté!.

!!160 minutos bajo el agua!!

Busqué una explicación lógica al hecho de que no me hubiera ahogado, y tras mucho meditar la cuestión caí en la cuenta. Meses atrás había hecho un cursillo de submarinismo a grandes profundidades sin bombona de oxígeno. Tampoco era esa la opción mas acertada para mis intentos, y encima, todos los dedos se me habían arrugado y bajo el agua el aburrimiento era monumental. Incluso pensé en traerme un cassette al baño para escuchar música, pero ¿y si se caía al agua y me electrocutaba?. Uf que miedo, quita quita, suicida, no loco!. Dejé pasar unos cuantos días para que se me pasara el susto, y volví a intentarlo.

Ahora quería hacerlo como las grandes divas de 'jolibú', como la 'morrroe' o la 'Nami Campell', esa que estaba con el bailarín 'Cortete', o algo asín. Me iba a suicidar con barbitúricos. Al principio creí que lo de barbi era porque te quedabas tieso y blanco como las muñecas, pero no, sino que eran unas medicinas de color oscuro y yo las había visto en una mesita de noche que un amigo guardaba para no se qué. Aproveché que él se había ido de viaje y rebusqué entre sus cosas, y encontré una cajita que estaba medio borrosa y ponía 'J$3$"%$%la'.

Las cogí y me dispuse a tomarlas todas. La cajita era negra como las pastillas, las saqué y me las tomé todas. Frente al espejo esperaba impaciente una reacción, un algo que me dijera que había hecho efecto, y la señal no tardó en llegar, empezaron unos dolores intestinales que se fueron esparciendo por todo el estómago y pensé: '¡ya me llegó la hora!'. Se le fueron sumando unos gases tóxicos expandidos por toda la habitación, y retortijones de tipo 'tengo que haber comido algo que me ha sentado mal, muy maaaaaalllll!!!'... Pddddzzzzzzzzz, que me cagué, literalmente me cagué, ni siquiera llegué al baño. Lo que yo echaba por el culo no eran excrementos, parecía que tenian vida propia, e incluso los oí reirse, salían disparados por las paredes, cocina, la azotea, hasta que por fin llegué al baño, y expulsé todo lo que me podía quedar dentro, que era bastante, e incluso me pareció distinguir entre tanta mierda ese bocadillo que me comí en la comunión de mi hermana años atrás, que por cierto hoy es su cumpleaños, tengo que acordarme de llamarla para felicitarla por su 64º cumpleaños. Cuando hube acabado con toda la artillería pesada que tenía en mi cuerpo, que era bastante, me dispuse a leer lo que me había tomado, y dentro del cajón me encontré una caja parecida que decía 'JUANOLAS'. Me había tomao una sobredosis de pastillas juanolas, pa'verme matao!.Lo volví a intentar con una cuerda, pero me ponía morao y por poco no me ahogo, intenté tirarme de lo alto de un piso, pero tenía vértigo y me mareaba, y luego se me quedaba mal cuerpo.

Así que decidí no volver a intentarlo, porque sufro del corazón y mi cuerpo no aguantaría un esfuerzo así, pues.....aaarrrrrgggggg Piiiip, piiiip, piiiip,piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii (léase encefalograma plano ;-)) ¡que nooooo!!, que era coña ;-)


Via | Lukor

sábado, 1 de enero de 2000

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